Es extraño ver cómo el flamenco es transmitido a diferentes culturas, más aún ver cómo hacen de esta danza su pasatiempo sin ser españoles. Esa fue la sensación que transmitió la compañía "Flamenco Rosario", durante su performance en el Festival Internacional de Danza de Vancouver.
La presentación duró 25 minutos y contó con ocho bailarinas que interpretaron los conceptos de amor y muerte. Además hubo una "cantaora" y un "tocaor" que aportaron la música en vivo, lo que ayudó a crear un ambiente de cercanía con el público.
La coreografía estuvo sincronizada y eso fue valorable, pero les faltó ese encanto que tienen los "bailaores" profesionales. Esto pudo ocasionar que los espectadores que conocen sobre el tema quedasen con gusto a poco, porque esperaban ver algo más estilístico sobre todo si se trataba de un Festival Internacional de Danza.
"Flamenco Rosario" escoge a los bailarines que participan de sus muestras a través de una comisión, porque el grupo lo componen más de 50 personas. Así esta sociedad, sin fines de lucro, trabaja por más de una década enseñando la tradición de este maravilloso baile.
La directora es Rosario Ancer, una mexicana que comenzó su carrera en España junto al Ballet de Antonio Del Castillo. Posteriormente, al mudarse a Canadá formó esta organización junto a su marido Víctor Kolstee, un guitarrista que aporta la música en los shows.
Casi al finalizar la puesta en escena de "Flamenco Rosario", apareció un viejo "cantaor" español que ayudó a transmitir la magia innata de su tierra. Tal como un verdadero andaluz, supo expresar la nostalgia por medio de sus cuerdas vocales.
Casi en ese mismo instante, Rosario Ancer apareció simbolizando una metáfora del sufrimiento, mientras que poco a poco las astutas bailarinas entregaron lo mejor de cada una para terminar con los aplausos de los asistentes.
